El Senado de Brasil acaba de aprobar lo que millones de trabajadores pedían hace años: reducir la semana laboral de 44 a 40 horas sin perder un peso del salario. Dos días de descanso completos, todos los meses. Sin excepciones. La noticia llega justo 11 días antes de la segunda vuelta electoral, y Lula la celebra como propia. El presidente confía en que esta victoria legislativa lo impulse en la recta final de la campaña. Y es fácil entender por qué: según los sindicatos, 22 millones de trabajadores brasileños verán reducida su jornada laboral.
Cómo funciona el cambio
La reducción no es de la noche a la mañana. La jornada bajará a 42 horas en 60 días, y llegará a las 40 horas en un año. Así se da tiempo para que las empresas se adapten. Lo sorprendente fue que el proyecto recibió apoyo de senadores de la oposición, incluso de Flavio Bolsonaro. Bolsonaro padre se oponía, pero cambió de postura cuando vio que el 71% de la gente apoyaba la medida. La presión popular fue más fuerte que la línea partidaria.
"Hay gente que no quiere que esta votación termine hoy", advirtió Teresa Leitão, portavoz del Gobierno en el Senado, pidiendo vigilancia para que nadie intente revertir lo conseguido. Pero no todos celebran. Las patronales advierten que el costo por hora trabajada subirá un 22% y temen la pérdida de hasta 1,2 millones de empleos. El debate sobre el impacto económico recién empieza.

Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.