La Iglesia quiere organizar una sola red para responder ante incendios, inundaciones y temporales. El objetivo es saber de antemano quién puede ayudar, dónde hacerlo y qué necesita realmente cada familia.
Cuando ocurre una emergencia suelen aparecer rápidamente colectas, flyers, alias y distintos lugares para llevar donaciones. La solidaridad sobra. El problema, muchas veces, es ordenarla. Por eso Cáritas San Juan prepara un protocolo común que permita coordinar a parroquias, movimientos religiosos y equipos pastorales antes de que llegue la próxima contingencia. José Cardozo, vicepresidente de la institución, explicó que la intención es que la ayuda comience en la comunidad directamente afectada. Si esa estructura no alcanza, recién entonces se ampliará el pedido hacia otras zonas de la provincia.
El próximo paso será el sábado 24 de octubre. Cáritas convocó a representantes de distintos espacios de la Iglesia a una reunión en el Arzobispado para identificar zonas vulnerables, saber qué recursos existen y definir cómo actuar frente a una emergencia. San Juan cuenta con 46 Cáritas parroquiales, una estructura que ya permitió organizar asistencia durante incendios, nevadas e inundaciones recientes.
La propuesta no busca reemplazar al Estado. La idea es complementar su intervención y disponer, cuando sea posible, de parroquias, colegios o salones comunitarios para acompañar a las familias. También habrá una tarea que va más allá de entregar alimentos o ropa: la contención emocional de quienes acaban de perder parte de sus pertenencias o atraviesan una situación traumática. “La ayuda que se organiza es la que termina siendo más efectiva”, resumió Cardozo. Ahora el objetivo es que esa organización exista antes de que comience la emergencia y no tenga que improvisarse cuando ya ocurrió.