El tratamiento argentino ya está autorizado para determinados pacientes que tuvieron melanoma y presentan riesgo de recaída. Gonzalo Campos explicó cómo funciona y por qué no debe confundirse con una vacuna preventiva.
La palabra “vacuna” puede generar una confusión: Vaccimel no se aplica para evitar que una persona desarrolle melanoma. Es una inmunoterapia destinada a determinados pacientes que ya atravesaron la enfermedad, fueron operados y presentan un riesgo elevado de que vuelva a aparecer o se disemine.
Gonzalo Campos, dermatólogo y presidente de CANME, explicó que el tratamiento busca enseñarle al sistema inmunológico a reconocer antígenos del melanoma y responder frente a posibles células tumorales residuales. La ANMAT autorizó Vaccimel bajo condiciones especiales para melanoma cutáneo extirpado en estadios IIB, IIC y IIIA. Su utilización es exclusivamente institucional y debe estar indicada y supervisada por profesionales especializados.
El esquema completo dura dos años y contempla 13 aplicaciones. Pero Campos remarcó que eso no significa hablar de una cura garantizada. Los estudios fase II mostraron un dato alentador: la mediana de tiempo sin metástasis a distancia alcanzó los 96 meses en el grupo tratado con Vaccimel, frente a 13 meses entre quienes recibieron interferón. Es un resultado de investigación clínica y no significa que todos los pacientes tendrán la misma evolución.
El especialista insistió además en algo que no cambia con la llegada de nuevos tratamientos: detectar temprano sigue siendo fundamental. Cambios de color, forma, bordes o tamaño de un lunar, así como picazón, inflamación o ulceración, deben motivar una consulta. La nueva herramienta amplía las posibilidades terapéuticas. El control dermatológico continúa siendo la primera barrera frente al melanoma.