El Colegio San Francisco restringió el uso de teléfonos en el secundario y asegura que los estudiantes volvieron a conversar, jugar y compartir más tiempo entre ellos.
Desde principios de agosto, el Colegio San Francisco vive una realidad diferente. Los celulares dejaron de ser protagonistas durante la jornada escolar y, según las autoridades, los cambios comenzaron a verse rápidamente en la convivencia cotidiana.
La medida, que rige para todos los alumnos del nivel secundario, obliga a mantener los teléfonos apagados y guardados dentro de la mochila mientras duran las clases y los recreos.
La directora Leticia Monla explicó que la decisión fue el resultado de un largo proceso de diálogo con docentes, especialistas y familias. "Los propios padres manifestaron la preocupación y la necesidad de limitar el uso del celular. La escuela respondió desde una mirada de la pedagogía del cuidado", sostuvo.
Según relató, uno de los primeros efectos fue el cambio en la dinámica de los recreos. "Los chicos vuelven a conversar entre ellos, juegan con juegos de mesa, comparten figuritas y los más grandes recuperaron espacios de diálogo sin el celular de por medio", destacó.
La institución también definió un protocolo para quienes incumplan la norma: el estudiante entrega voluntariamente el teléfono al equipo directivo y el dispositivo solo puede ser retirado por un padre o una madre.
Monla aseguró que la respuesta de las familias fue ampliamente positiva y aclaró que el objetivo no es prohibir la tecnología. "El problema no es el celular como herramienta educativa, sino el uso desmedido que termina afectando los vínculos, la convivencia y el aprendizaje", concluyó.